El plan de estudios en los debates actuales

Es sabido que las personas aprenden en cualquier lugar y en infinidad de contextos. Sin embargo, las instituciones educativas modernas se han empeñado históricamente en organizar en un momento determinado, bajo ciertas condiciones y con objetivos claros, los saberes y sus modos de transmitirlos de forma ordenada y preestablecida, de manera tal que resulten accesibles. Es pertinente la pregunta sobre los por qué: ¿a qué se debe esta necesidad de administrar los procesos de enseñanza – aprendizaje bajo el dominio de un instrumento como el currículo? En este marco, ¿qué exigencias pone de manifiesto la premisa aquí planteada al momento de diseñar un plan de estudios? 

Un Plan de Estudios es un momento de objetivación del proceso de transformación curricular. Y para asumir complejamente el desafío de no convertirse en un instrumento que obture procesos de enseñanza – aprendizaje atravesados por lógicas poco asibles como las de la experiencia, la tradición y el deseo, es necesario que asuma riesgos, tensiones y conflictos propios de los procesos educativos en particular y la vida institucional político académica en general.

El currículo es un instrumento caliente en varios sentidos. Pero fundamentalmente lo es por el modo en el que expresa, de manera más o menos evidente, el conjunto diverso de prácticas y saberes acumulados en una institución y los conecta, los pone en diálogo (no sin tensiones, no sin conflicto) con las expectativas de futuro.En esta clave ha sido pensado y diseñado el plan de estudios que aquí se presenta. 

Primero, comprendiendo y compartiendo el debate colectivo sobre los diagnósticos, las necesidades y las líneas de acción para la transformación curricular que durante los últimos años todos los actores de la Facultad -en ámbitos diversos y bajo modalidades diferentes- han venido produciendo.

No hay técnica sin tradición, y no hay tradición sin ideología. Con esta conciencia la presente propuesta de plan de estudios ha mirado, recogido e integrado los aportes realizados por todos.

Segundo, ubicando al campo de la comunicación y a los trabajadores de la comunicación en un contexto particular que exige repensar toda nuestra tradición académica y política para ponerla en diálogo con otras realidades -diferentes a las de hace quince o veinte años–. Pero sobre todo, reconociendo que este nuevo contexto demanda nuevas posibilidades para imaginar, diseñar, intervenir y hacer el futuro.

Es decir, este Plan de Estudios viene a actualizar desde una perspectiva curricular eso que la Facultad hace: dialogar con la realidad, interpretarla, interpelarla, aceptarla como la materia prima de las prácticas profesionales, de la producción de conocimiento, de las convicciones, los compromisos, y los desafíos. Pero una realidad que no es ni será concebida como un estado de cosas dadas, sino como el resultado permanente de luchas políticas y sociales.

Tercero, entendiendo que un Plan de Estudios siempre es texto, discurso que habla más allá de los contenidos que organiza y pretende administrar. Y en ese sentido, esta propuesta viene también a hablar de una Universidad Pública deseada, imaginada. Y también de los caminos, posibles y plagados de conflicto, que hace falta andar todavía para edificarla.

Pero también viene a hablar del país que es posible hacer, y de cómo los comunicadores, hombres y mujeres antes que profesionales y técnicos, con sus sensibilidades y convicciones, pueden y deben participar de estas batallas.

Sobre esta matriz de ideas y concepciones se ha construido este Plan de Estudios que en función de este tiempo histórico diseña la trayectoria de un modo particular, específico, con la intención de alcanzar la mayor calidad académica en la enseñanza, pero también con la convicción de promover la formación de profesionales con una conciencia política clara capaces de producir tanto el pensamiento crítico como la práctica activa. 

Es evidente entonces que la transformación curricular significa entonces no sólo la posibilidad de reflexionar y mejorar la práctica educativa, sino también la de ir nutriendo de nuevos sentidos políticos esa misma práctica. En ese sentido, este Plan de Estudios es concebido como un proyecto común dotado de dinamismo, más que como una organización estática de contenidos. Es una plataforma para el lanzamiento de proyectos y la expresión de subjetividades individuales y colectivas, más que un punto de llegada.